LA COSECHA DE CADA CRISTIANO (Mt 21,33-43)

miércoles, 1 de octubre de 2014

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La parábola de los viñadores malvados (Mt 21,33-43) es común en los tres sinópticos (cf. Mc 12,1-11; Lc 20,9-18), en el mismo contexto y con pocas diferencias secundarias.
Los destinatarios son los miembros de la comisión del sanedrín, que habían interpelado a Jesús sobre su autoridad.

La parábola les cuadra perfectamente bien, y se puede considerar, junto con la anterior (Mt 21,28-32), como una prolongación de la discusión que allí se originó.
Varios son los elementos alegóricos de esta parábola, donde lo más evidente es:
* El dueño de la viña, es Dios.
* La viña, es el pueblo de Israel, que Dios escogió como su pueblo y lo cuidó con todo su amor.
* Los arrendatarios como ya dije, son los representantes religiosos y políticos del pueblo.
* El hijo amado, es Jesús.
* El hijo echado fuera y matado, es Jesús crucificado.
* El castigo de los viñadores, es el rechazo del pueblo de Israel por parte de Dios.
* Los “otros” que lo sustituyen, es el nuevo pueblo de Dios.

Sus oyentes, sacerdotes y ancianos del pueblo, debieron entender bien, y no les debió gustar nada la intención de Jesús, que aclara todavía más con la otra comparación de la piedra fundamental del edificio: "la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular". La parábola parece como un resumen nada optimista de la historia del pueblo judío. Jesús dirige a sus oyentes una pregunta "pedagógica", para que contesten ellos mismos: "¿qué hará con aquellos labradores?". Es una pregunta parecida a la que Isaías intercala en la queja de Dios: "ahora, habitantes de Jerusalén, sed jueces entre mí y mi viña".

Hoy, podemos decir que la amonestación de Jesús también va para los dirigentes de la comunidad eclesial, que pueden tener la tentación de sentirse dueños y propietarios de la viña, de la comunidad, y en vez de ayudar a los demás a dar los frutos que Dios espera de todos, la "explotan" en beneficio propio. Pero también se nos aplica la lección a cada uno de los fieles. Dios ha "invertido" en nosotros: nos ha dado la vida, el cuerpo, la salud, talentos naturales, su Palabra, el evangelio, los sacramentos, la comunidad eclesial, personas buenas que nos rodean y nos estimulan. ¿Qué cosecha puede esperar de nosotros este año? ¿Se tendrá que quejar de nuestros pobres frutos como lo hizo de la higuera seca al lado del camino? Lo cierto del caso, es que la cosecha de todo cristiano es sembrar la Palabra de Dios en los corazones de sus hermanos.

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