LA PROHIBICION DE IMÁGENES EN ISRAEL NO FUE ABSOLUTA

jueves, 6 de junio de 2013

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El presente artículo se lo dedico a una amiga protestante con la cual tuve una tertulia sobre las imágenes.
Israel es el único pueblo de la historia que tuvo un culto sin imágenes. Las excavaciones arqueológicas en palestina no han dado hasta ahora con ningún ídolo  que pueda identificarse con certeza como imagen de Yahvé. El Decálogo prohíbe tajantemente fabricar imágenes tanto de Yahvé como de otros dioses (Ex 20,4; Dt 5,8), con lo cual se pretendía cortar el influjo de la religión cananea en las prácticas cultuales de Israel.
La adoración del becerro de oro en el Sinaí (Ex 32), y la erección de toros sagrados en los santuarios de Dan y Betel (1R 12,32), son un desafío abierto y una transgresión de las condiciones de la alianza.  


El culto sin imágenes hay que entenderlo en Israel en el contexto de la mentalidad semítica, donde la imagen no era sólo un signo sensible de una realidad superior, sino que tenía un valor casi mágico y se pensaba que quien tenía una imagen obtenía en algún sentido como un poder sobre la divinidad. De modo que la Ley y los Profetas al oponerse a la representación visual de Yahvé no buscan sólo defender la espiritualidad de Dios, sino afianzar la trascendencia de Dios, que no puede ser apresado por hombre, y por tanto utilizado con fines mágicos o de cualquier otro tipo.


Sin embargo, hay que señalar que la prohibición de imágenes de talla o fundición no fue absoluta, en el mismo Sinaí se manda que el arca de la la Alianza estuviera protegida por imágenes de querubines. En el candelabro  de siete brazos estaban cinceladas flores de almendro. Salomón mandó construir el templo con decoraciones de formas vegetales, animales: toros y leones, e incluso angélicas: querubines, sin recibir por ello reprensión profética (1R 6,27; 7,25; 10,19-20). Ezequiel, en su visión del nuevo templo, describe los querubines y las palmas que lo han adornado (Ez  41,18-20). El llamado “mar de bronce” del templo era sometido por doce estatuas de toros (1 R 7,25). El mismo Moisés mandó construir, por orden de Yahvé, una serpiente de bronce que puesta sobre un bastón elevado podía sanar a cuantos la miraran de lo mordidos por serpientes (Nm 21,6-9), pese a los peligros de idolatría que esto entrañaba, por haber salido recientemente del politeísta Egipto, donde se adoraba las serpientes. Al parecer, esta serpiente de bronce se conservó durante siglos con suma veneración en Israel, hasta que el rey Ezequías mando destruirla, porque los israelitas, influidos por los cultos idolátricos cananeos, quemaban incienso ante ella, considerándola como un craso ídolo material (2 R 18,4).
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